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Teletrófono
Meucci
La
primera experiencia del italiano Meucci
con la telefonía fue durante su estancia en Cuba. Allí
experimentó con el empleo de la energía eléctrica
para tratar diferentes tipos de enfermedades y dolencias. En 1849,
mientras se preparaba para atender a uno de sus pacientes, hizo
varias conexiones con alambre de cobre. Colocó un extremo
en la boca del enfermo y le pidió que sostuviera el otro
extremo. Mientras, él se situó en la habitación
contigua y se colocó bajo la lengua una tercera terminal
de cobre. La cuarta terminal se unió a un magneto y, cuando
puso este dispositivo en funcionamiento, la descarga hizo saltar
de su silla al paciente. Meucci escuchó las vibraciones,
bajo su lengua, de las palabras pronunciadas por su paciente. Años
más tarde perfeccionó su invención y, con dos
troncos de conos de cartón provistos en su base de un diafragma
membranoso unidos por un hilo de cobre, consiguió establecer
una comunicación con otra persona situada en la casa de enfrente.
Este nuevo sistema de comunicación fue bautizado como teletrófono.
A diferencia del teléfono desarrollado por Bell,
el prototipo de Meucci utilizaba el principio de la resistencia
variable, que fue retomado en los comienzos de la electrónica
de los sistemas más avanzados de audio.
Meucci
fue perfeccionando el teletrófono y llegó a instalar
una línea de comunicación permanente entre su laboratorio
y el dormitorio de su esposa. En 1871 había desarrollado
un teletrófono que funcionaba perfectamente. Para patentar
su invención necesitaba 250 dólares, dinero que no
tenía a su disposición. Sólo pudo pagar un
documento oficial (caveat) que describía las características
del teletrófono y concedía a Meucci la prioridad en
el desarrollo de un aparato capaz de transmitir a distancia la voz
humana. En 1874 decidió presentar su prototipo a la compañía
Western Union que no se interesó por el proyecto.
Dos años
más tarde, Alexander Graham Bell hizo pública su patente
del teléfono. Ante esta situación, Meucci inició
un juicio contra Bell por plagio. El fallo judicial (1877) dio la
razón al científico italiano y condenó a Bell
por fraude. Esta sentencia fue ratificada por la Corte Suprema de
Justicia y anuló la patente de Bell. Pero el caveat de Meucci
caducó y no pudo renovarlo por no tener dinero; momento que
aprovechó Bell para obtener su patente.
Como
reconocimiento póstumo, el Congreso de EE.UU. aprobó
el 11 de junio de 2002 un documento en el que se reconocía
a Meucci como inventor del teléfono.
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